A letter: the work of caring for the dead as an act of love

Dear Colibrí Community,

As we come to the end of a difficult year when we have seen unprecedented attacks on immigrants and their families, we are compelled to reflect on our work at Colibrí, and share with you what inspires us to continue. Every day, we speak with the relatives of those who have died or disappeared along the U.S.-Mexico border, and we collaborate with forensic scientists trying to connect the dots between the dead and the missing. Every day in these interactions, we witness profound acts of love, care, and compassion.

I have been committed to the work of identifying the unknown dead and supporting the families of the missing since 2006. Over the years, I have frequently been asked the question, “how can you do this work?” Sometimes it is asked with genuine concern and empathy, and sometimes it is asked with more than a hint of disgust—why would you choose to work in a medical examiner’s office and focus on something so macabre?

I choose this work not because it has to do with death, but because it has to do with love. I often look through the items migrants were carrying when they died. Although clues to their identity are often difficult to find, it is easy to find clues that these journeys across the border are acts of love. In their wallets are photos of their children. In their pants pockets are letters from their husbands and wives. In their backpacks are bibles, prayer cards, and rosaries.

Sometimes there are clues that other migrants had shown care and love to the dead or dying, even while facing their own risk of death or deportation in the desert. Once, after helping to identify a man named Carmen, I asked his brother if Carmen had been carrying several rosaries. His brother said no, it wouldn’t have been Carmen’s habit to carry that many rosaries. They were likely placed on Carmen’s body by migrants who passed him on their journey.

In other cases, the dead have been found with handmade stretchers built by migrants who had tried to carry the dead or injured to safety. Migrants offer a model of how to show care and compassion in extremely difficult conditions. So do the forensic scientists I have had the privilege of working with over the years. Despite being overwhelmed with an enormous caseload, forensic anthropologists carefully attend to each and every bone on their examining table. They not only chart the presence or absence of every tooth, but also the condition of each of the five surfaces of every tooth. Human rights scholar Adam Rosenblatt has written that “forensic care is involved in the creation of more caregivers” (2015: 181). By identifying the dead, forensic scientists can connect unknown remains back to a family and community that can properly care for them.

At the Colibrí Center for Human Rights, we see it as our duty to not only help identify each and every individual unknown person so that they can be returned to those who know and love them, but also to expand the community of care and love around those we have collectively lost on the U.S.-Mexico border. They were loved, they were cherished, and they are irreplaceable. They were beautiful, they were challenging, they were funny, they existed. They mattered.

This holiday season, we invite you to join our community of care around migrants and their families. Their deaths were untimely and unnecessary, but their lives were meaningful. Their families remember them with joy, and with love. Please support our work with a donation, and call your community in as well. Together, we can claim those who have died and disappeared as ours, and reject the hate and fear that has led to their deaths.

Sincerely,
Robin Reineke, PhD
Executive Director
Colibrí Center for Human Rights

(ESPAÑOL)

Querida Comunidad Colibrí,

Al llegar al final de un año difícil en el que hemos visto ataques sin precedentes contra los inmigrantes y sus familias, nos vemos obligados a reflexionar sobre nuestro trabajo en Colibrí y compartir con ustedes lo que nos inspira a continuar. Todos los días, hablamos con los familiares de aquellos que han muerto o desaparecido a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México, y colaboramos con científicos forenses que tratan de conectar los puntos entre los muertos y los desaparecidos. Todos los días en estas interacciones, somos testigos de actos profundos de amor, cuidado y compasión.

He estado comprometido con el trabajo de identificar a los muertos desconocidos y apoyar a las familias de los desaparecidos desde 2006. Con los años, muchas personas me han preguntado: “¿Cómo puedes hacer este trabajo?” A veces se pregunta con preocupación y empatía genuina, y algunas veces se pregunta con disgusto: ¿Por qué elegirías trabajar en la oficina de un médico forense y enfocarte en algo tan macabro?

Elijo este trabajo no porque tenga que ver con la muerte, sino porque tiene que ver con el amor. Miro a los artículos que los migrantes llevaban cuando murieron. Aunque las pistas sobre su identidad son difíciles de encontrar, es fácil encontrar pistas de que estos viajes al otro lado de la frontera fueron actos de amor. En sus billeteras hay fotos de sus hijos. En los bolsillos de sus pantalones hay cartas de sus esposos y esposas. En sus mochilas hay biblias, tarjetas de oración y rosarios.

A veces hay evidencia que otros migrantes han mostrado  amor a los muertos, incluso mientras enfrentan su propio riesgo de muerte o deportación en el desierto. Una vez, después de ayudar a identificar a un hombre llamado Carmen, le pregunté a su hermano si Carmen había llevado varios rosarios. Su hermano dijo que no, Carmen no tenía la costumbre de llevar tantos rosarios. Probablemente fueron colgados en el cuerpo de Carmen por migrantes que lo pasaron en su viaje.

En otros casos, encuentran a los muertos con camillas hechas a mano por migrantes que intentaron llevar a los muertos o heridos a un lugar seguro. Los migrantes ofrecen un modelo de cómo mostrar cuidado y compasión en condiciones extremadamente difíciles. También lo hacen los científicos forenses con los que he tenido el privilegio de trabajar a lo largo de los años. A pesar de estar abrumados por un enorme número de casos, los antropólogos forenses prestan atención a todos y cada uno de los huesos en su mesa de examen. No solo registran la presencia o ausencia de cada diente, sino también la condición de cada una de las cinco superficies de cada diente. El politólogo Adam Rosenblatt escribió que “la atención forense está involucrada en la creación de más cuidadores” (2015: 181). Al identificar a los muertos, los científicos forenses pueden conectar los restos desconocidos a una familia y una comunidad que pueden cuidarlos adecuadamente.

En el Centro Colibrí de Derechos Humanos, consideramos que es nuestro deber no solo ayudar a identificar a cada persona desconocida para que puedan ser devueltos a quienes los conocen y aman, sino también para expandir la comunidad de atención y amor para aquellos que colectivamente hemos perdido en la frontera de Estados Unidos y México. Fueron amados, apreciados, y son irremplazables. Fueron hermosos, desafiantes, divertidos, existían. Ellos importaban.

En esta temporada de fiesta, te invitamos a unirte a nuestra comunidad de cuidado para los migrantes y sus familias. Sus muertes fueron inoportunas e innecesarias, pero sus vidas fueron significativas. Sus familias los recuerdan con alegría y con amor. Por favor apoye nuestro trabajo con una donación y incluye a tu comunidad también. Juntos, podemos reclamar a aquellos que han muerto y desaparecido como nuestros y rechazar el odio y el miedo que los ha llevado a la muerte.

Sinceramente,
Robin Reineke
Directora Ejecutiva

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