Remembrance on International Day of the Disappeared

Written by Reyna Araibi

AUGUST 30, 2016 — Sitting at Colibri’s desk inside the Pima County Office of the Medical Examiner, I often see hummingbirds, colibríes, fly outside our window looking to taste sweet nectar before continuing on their journey. Each little bird makes me pause. As I watch the rapid beating of their wings and the way their color shimmers in the sunlight, I think of the powerful symbolism this small creature carries. Legends say the hummingbird is a symbol of divinity, an embodiment of strength and resilience, and a messenger between the heavens and the Earth. With every colibrí that hovers nearby, I think of the missing. I think of the courage and tenacity demonstrated by all those who embarked on a perilous journey across borders. I think of those who were lost along the way and how, like the hummingbird, they became messengers for a powerful truth: migration is an expression of love, an act as old as humanity that should never be criminalized or fatally punished.

This small meditation feels especially relevant to share today on International Day of the Disappeared — a time of remembrance and recognition for the hundreds of thousands of people around the world who are missing and for their families who navigate daily life with the incomparable pain and ambiguity that comes with having a missing loved one. For those of us at the Colibrí Center for Human Rights, each day is dedicated to this remembrance and recognition.

Over the past two decades, at least 2,700 people have disappeared crossing the U.S.-Mexico border. Two-thousand-seven-hundred irreplaceable lives.

Mothers and fathers.
Sons and daughters.
Sisters and brothers.
Cousins.
Spouses.
Best friends.

The missing are never forgotten.

The unique pain of ambiguous loss experienced by the families of the missing cannot be alleviated by the passage of time or social pressure to move on. It invades every aspect of life and lingers with the uncertainty of not knowing whether your loved one is alive or dead. The right to know is fundamental. It is documented in international humanitarian law and lies at the heart of international human rights. Yet even beyond our responsibility to honor international legal protections, we have a human responsibility to the families of the missing. This duty — like all other questions of humanity — transcends borders.

Unequivocally and without question, families deserve to know what happened to their missing loved one. While the pain of losing that person will never go away, the ambiguity of the loss may perhaps be alleviated by providing answers. This is the very least — the very least we can do to honor the families and the lives that have been lost. At its core, this is what our work strives towards each day at Colibrí. We stand with the families in their search for answers — truly, a search for justice around this deeply unjust loss of precious human life.

As I witness another colibrí take flight outside our window, I wonder what message this small yet powerful creature has for me — for us. I know it’s telling us something and I believe it is this:  remembering and honoring the missing is not for one special day or one organization; it is a universal and continuous duty we have as human beings. People do not simply disappear. We never give up on those we love. To seek justice for this loss of life is not a task to be shouldered by the families of the missing alone; it is a demand we all make together. To stand up against the ongoing death and disappearance of thousands of migrants, immigrants, and refugees is the work of an entire community, country, and world.

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CONMEMORACIÓN EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS DESAPARECIDOS

30 DE AGOSTO DE 2016 — Sentado en el escritorio de Colibrí dentro de la Oficina del Médico Forense del Condado de Pima, veo colibríes volando fuera de nuestra ventana con ganas de probar dulce néctar antes de continuar su viaje. Cada pequeño pájaro me hace parar. Mientras observo el rápido latido de sus alas y la forma en que su color brilla en la luz del sol, pienso en el simbolismo que esta pequeña criatura lleva. Las leyendas dicen que el colibrí es un símbolo de la divinidad, una encarnación de la fuerza y la resistencia, y un mensajero entre el cielo y la tierra. Con cada colibrí que vuela cerca, pienso en los desaparecidos. Pienso en el coraje y la tenacidad demostrada por todos los que se embarcó en un peligroso viaje cruzando fronteras. Pienso en los que se perdieron en el camino y cómo, al igual que el colibrí, se convirtieron en mensajeros de una poderosa verdad: la migración es una expresión de amor, un acto tan antiguo como la humanidad, que nunca debe ser criminalizado o fatalmente castigada.

Esta pequeña meditación me parece especialmente relevante para compartir hoy el Día Internacional de los Desaparecidos — un momento de recuerdo y reconocimiento para los cientos de miles de personas a través del mundo que están desaparecidos y cuyas familias tienen que navegar la vida diaria con el dolor incomparable y la ambigüedad que viene con tener un ser querido desaparecido. Para nosotras en el Centro Colibrí de Derechos Humanos, todos los días se dedica a este recuerdo y reconocimiento.

Durante las últimas dos décadas, al menos 2.700 personas han desaparecido al cruzar la frontera entre los Estados Unidos y México. Dos-mil-setecientos vidas irremplazables.

Padres y madres.
Hijos e hijas.
Hermanas y hermanos.
[email protected]
[email protected]
Mejores [email protected]

Los desaparecidos nunca se olvidan.

El dolor insoportable y única de la pérdida ambigua sufrido por las familias de los desaparecidos no puede ser aliviado por el paso de tiempo o la presión social de seguir adelante. Este dolor invade todos los aspectos de la vida y se prolonga con la incertidumbre de no saber si su ser querido está vivo o muerto.  El derecho a saber es fundamental. Está documentado en el derecho internacional humanitario y se encuentra en el corazón de los derechos humanos internacionales. Con todo, más allá de nuestra responsabilidad de honrar a la protección legal, tenemos una responsabilidad humana a las familias de los desaparecidos.  Este deber — al igual que todas las cuestiones de la humanidad — trasciende las fronteras.

De manera inequívoca y sin duda alguna, las familias tienen derecho a saber lo que sucedió a su ser querido desaparecido. Aunque el dolor de perder a esta persona nunca se irá, la ambigüedad de la pérdida quizá puede ser aliviado con respuestas.  Esto es lo mínimo — lo mínimo — que podemos hacer para honrar a las familias y a las vidas que han sido perdidos. En su esencia, esto es lo que nuestro trabajo se esfuerza por conseguir cada día en Colibrí. Estamos con las familias en su búsqueda de respuestas – verdaderamente, una búsqueda de la justicia alrededor de esta pérdida profundamente injusta de la preciosa vida humana.

Mientras veo a otro colibrí volando fuera de la ventana, me pregunto cuál es el mensaje que esta criatura pequeña pero poderosa tiene para mí – para nosotros. Sé que nos está diciendo algo y creo que es la siguiente: recordar y honrar los desaparecidos no es para un día especial o una organización; es un deber universal y continuo que todos tenemos como seres humanos. La gente no simplemente desaparecen. Nunca rendimos cuando tiene que ver con nuestros seres queridos. Buscar justicia para esta pérdida de vida no es una cosa para las familias de los desaparecidos solo; es una exigencia que todos hacemos juntos. Luchar en contra de la muerte y desaparición de miles de migrantes, inmigrantes y refugiados es el trabajo de toda una comunidad, el país y el mundo.

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